(Onésimo Evans)
El equilibrio póstumo de las fuerzas
del cielo salpica a todos en su justa
medida, de modo que nadie nota nada.
El sentido vigente, creación divina,
tanto el denotado como el otro, sigue
expandiendo su potencia incontestable
haciéndonos creer y recrear, dudar y
decidir a imagen semejanza, sumando
y dividiendo como corderos fieles,
en proporción directa a la felicidad.
Corderos fieles y felices,
que descienden y procrean
por amor a Dios y viceversa.
Es Él, el increado, el unigénito
cuyo reflejo sobrenatural brilla
e ilumina todo lo binario.
Para un auténtico creyente
Dios es la mejor inversión.
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