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domingo, 2 de noviembre de 2025

Teoría y solfeo

 

 

(Serafín Cuesta)

 

Solfeando al sol

con mi metrónomo de arena

y vista al mar.


La arena y el mar

hacen buen maridaje

desde antes que supiéramos

solfear.


Sólo que el mar tiene su propio ritmo;

cuesta seguirlo, porque nunca es

el mismo.


Tampoco uno, aunque solfee

como un desesperado:


¿Qué se puede esperar del ritmo,

qué esperar del mar?


Hay que aventurarse en su espuma

rítmica y entablar lo que sea

que el mar disponga.


La arena sumergible del metrónomo

permite entrar y salir sin pérdida

de masa temporal, solfear las olas

bajo el sol hasta atravesar la rompiente.


Ahí, hay que volverse espuma, lábil

y retráctil y mantener el pulso ante

la mirada del mar que nunca se detiene


(Hay que aprender a nunca detenerse

aunque no vaya, uno, a ningún lado)


Es difícil sostener esa mirada soberana

solfeando como un desesperado.

 

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