(Wilmar Bordenave)
Un mono natural
no tiene por qué hervir
para saber finito.
Conocemos los distintos sabores
de la carne genérica, según el tipo
de cocción: hervida, horneada, al
espiedo o a las brasas.
También dependiendo del grado
de cocción, la misma carne adquiere
sabores y consistencias diferentes.
Después, decide el paladar. Sabemos
que no son infinitos los sabores, pero
cuantos más conozcamos, mayores
posibilidades electivas para dar
con el sabor deseado.
El mono no lo sabe, ni conoce la noción
de infinito ni el punto justo de cocción:
Por eso no come carne, aunque puede
aprender a cocinar y a disparar un arma
de fuego. Pero no pasa de eso.
No sabe que la carne es rica como recurso
para producir conocimiento. Tampoco es
muy exigente con la comida: Con que le
demos una banana es feliz.
¿Seríamos más felices si fuéramos monos?
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