(Alí Carnazo)
Un gemido anélido
alteró a la tropa.
¿Alteraba el orden?
No, un gemido genérico
no altera nada, y uno como ese,
tan insignificante, no podía
pertenecer a un semejante.
Pero el servicio de guardia imaginaria
había dado la voz de alerta y nadie
podía permanecer indiferente a lo
desconocido:
Ni la tropa, ni sus mandos naturales.
La naturaleza es pródiga en señales
desconocidas.
Podría tratarse de un señuelo
de falsa bandera, o ser parte
de una trampa tendida por el
enemigo.
La tropa estaba instruída en cuanto
a trampas cazabobos, pero podría
no ser suficiente.
Identificado el gemido, se detectó
la presencia de un cuerpo sospechoso:
Había que determinar si era un gusano
amigo o enemigo.
La voz autorizada del oficial a cargo
se pronunció en un sentido taxativo,
lejos de toda vacilación especulativa:
Ningún gusano autóctono y vernáculo
se reconoce semejante. Acá no hay
opción: O se es de los nuestros, o no,
y en caso negativo será tratado como
enemigo.
¿Alguien tiene alguna duda?
Nadie dijo nada, sólo se oyó
un gemido, más nítido que su
precedente aunque del mismo tenor,
tendiendo a barítono:
Un gemido que parecía cortar, dividir
ese silencio cómplice (como si fuera
un enemigo)
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