(José Luis Greco)
No te olvides de mi,
de tu, de sí, de su, de ti:
No te olvides de nosotros
cuyas consignas olvidables
supimos compartir.
No te olvides de ésto
ni de eso, no te olvides
de aquel beso
al cristo aquel, me dijiste
al besar, sin saber
¿Cómo olvidar?
No te olvides de Dios
y del tiempo no compartido:
A Dios no le gusta que lo olviden
ni compartir su tiempo.
No te olvides de mi, Mimí
¿No te acordás cuando en cana
te mandaba en cuadernitos
aquellos lindos versitos? ¿No
te acordás, Milonguita, aquel mal
paso de la costurerita, y esa cita,
Estercita? ¿No te acordás de la rubia
Mireya, no te acordás como tembló
Griselda cuando esos carnavales?
¿No te acuerdas del percal?
¿Y de las paicas y las grelas
que nacían sin pensarlo?
¿No te acordás del verso aquel
que era mejor que éste, pero no
pudimos recordar?
No te olvides de mi, de tu, de sí,
no te detengas a rimar, hay mucho
que olvidar, Margot, y es tanto
si no más.
Todos seremos olvidados, lo mismo
que el café, que el amor, que esta cita,
Margarita. Justo o no tanto, el olvido
es lo más justo que conocemos.
No te olvides de ti, de mi, de sus
distintos usos y funciones. No nos
olvidemos de nuestros pronombres
y los pecados que nos unen, o al menos
nos unen al pasado.
No te olvides del no,
ni te olvides del ni
y de los que se arrepienten
de no haber olvidado a tiempo.
No te olvides de nosotros,
que habiendo olvidado con éxito
todas las consignas, persistimos
en escribir sobre el olvido, sea
a favor o en contra, incrementando
el volumen de escritura olvidable,
que no es poco.
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