(Florencio Cusenier)
Llegó la hora de ahorrar
en combustible, me avisó
la radio.
No sé, lo voy a pensar,
pensé.
No soy de ahorrar mucho,
siempre fui reacio al ahorro;
nunca me guardé nada. Tal
vez porque no lo tenía.
Me dejó pensando: El ahorro
es la base de la fortuna, solían
repetir nuestros mayores.
Pero eran otros tiempos, se podía
ahorrar, todo el mundo tenía su
libreta de ahorro postal: La mía
debe andar por algún lado, entre
esas cosas inútiles que acumulo.
Ahora, todo eso se perdió, y aunque
así no fuera, ahorrar no tiene sentido:
Soy un adulto mayor y no tengo nada
de qué privarme con vistas al futuro,
ni tampoco mucho futuro.
Llegó la hora de ahorrar, pasate a
genecé y… No sé, a esta altura, uno
no tiene ganas de andar pasando de
un lugar a otro.
Aunque rescato la segunda parte,
la del combustible. Es para pensar.
La vida es combustión, y la combustión
es inexorable: A todos nos llega la hora,
no importa la capacidad de ahorro.
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