(Horacio Ruminal)
Había completado
la manufactura de un poema
histórico.
No tardé en advertir el error
de origen: El poema no tiene
nada que hacer con la historia,
ni puede.
Son compartimentos estancos,
cosas distintas, bien diferenciadas
y cada una marcha por su lado,
sin tocarse ni rozarse.
El poema es ajeno al paso del tiempo
y los movimientos históricos: Pueden
pasar 500 años y sigue siendo el mismo.
La historia puede repetirse todas las
veces que quiera, sin que eso afecte
ni altere al poema, que se mantiene
ajeno, resistiéndola.
Lo único que comparten, es que ambos
interpretan el mundo de los hombres,
y pueden prescindir perfectamente
de los hechos.
Estaba claro que ese poema no tenía
futuro: Lo abandoné sin vacilar, después
de desclasificarlo, descalificarlo y darlo
de baja.
No volvería a cometer el mismo error.
No hay que mezclar las cosas, me dije
mientras me dirigía a la marcha del orgullo
binario.
No hay comentarios:
Publicar un comentario