(Elpidio Lamela)
Según estudios de investigadores
independientes, las personas que
concurren a una iglesia, al menos
cuatro veces al mes, tienen mayor
esperanza de vida.
De acuerdo a los resultados obtenidos
después de décadas de trabajo, este
segmento poblacional gozaría de un
plus de catorce años, en promedio.
Es decir, viven catorce años más que
los perezosos que se quedan en su casa.
Si todo el mundo lo supiera, las iglesias
no podrían contener a tantos creyentes
y la práctica normal de la fe se vería
afectada.
Es mejor elegir creer, es claro, pero
siempre hay escépticos y detractores
que encuentran argumentos para rechazar
todo:
A lo largo de una vida, una buena parte
de esos catorce años, se pierde en la iglesia.
El pensamiento crítico, siempre esconde
un sesgo ideológico.
¿La ideología nos quita años de vida?
No podemos afirmarlo, como tampoco
es posible vivir sin ideología, según lo
demuestran todos los estudios autorizados.
¿No sería más saludable abandonar el yugo
ideológico, liberarnos de todas esas cadenas
significantes y concurrir, alivianados y en
armonía a la iglesia?
Al menos, nos aseguraríamos una sobrevida
sin mayores conflictos.
El problema de las ideologías, es que siempre
ofrecen algo para interesarnos, captarnos
e inocularnos sus dogmas, a través de
beneficios engañosos y falsas promesas.
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