(Rosendo Cárcamo)
¿Es necesaria la noche?
A veces no, pero cuando el día
avanza, su propia evolución
busca una resolución.
Nadie sabría qué hacer
con ese día que no cnduce a nada,
es decir a nada distinto de sí mismo.
Nada se podría dejar para otro día
y nadie repetiría frases como: vivo
cada día como si fuera el último.
Tampoco dispondríamos de días
hábiles, vencimientos próximos,
ni depósitos a plazo fijo.
Sería difícil aprovechar el día
sin término. No podríamos celebrar
el día del niño, de la mujer, ni del gato
y otras disidencias.
Lo peor: No tendríamos un mañana,
viviríamos sin la ilusión del nuevo día,
para recomenzar la práctica de nuestros
hábitos cotidianos.
Pocos lamentarían la desaparición
de las mariposas nocturnas, o de las
luciérnagas, que ya casi no existen.
Los amantes de la vida nocturna
como los poetas obscuros, tendrían
que plantearse una reconversión.
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