(Nicasio Uranio)
Quien no tenga nada que ocultar
que calle ahora,
o hable para siempre.
Dijo el vocero oficial de las Fuerzas
Conjuntas del Espacio Sobrenatural.
El mensaje del enviado en ejercicio
fue claro y preciso, nadie podía dudar.
Pero la claridad y el exceso de precisión
son cosas que intimidan a los simples
mortales, habituados al discurso engañoso
del comercio y otras formas alternativas
y subsidiarias de la comunicación humana.
Tal vez por eso, se produjo un silencio
pronunciado, tan intenso y engañoso
como cualquier oxímoron de los que
conocemos.
¿Quién podría no tener nada que ocultar,
salvo El Supremo, del que poco sabemos?
Ser vocero, enviado o mensajero
no es más que una forma de ocultarse,
tal vez más sospechosa que otras.
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