(Malcolm Mercader Ergástulas)
Todos somos hijos,
en perfecto sentido inclusivo.
Mal que nos pese, no podemos
dejar de descender.
Así lo dispuso Dios, antes
de descender a salvarnos.
Abonamos el sentido descendente,
eso nos iguala y no mucho más.
¿Ser es descender?
No sólo, pero no seríamos
sin haber descendido.
Y antes, somos hjos de Dios, padre
de rodas las criaturas.
¿Puede alguien sentirse hijo
de un Dios equivocado?
Sí, se contempla como natural
que en el volumen de su progenie
nuestro Padre no pueda ocuparse
de todos.
Hay dioses pares e impares,
como los miembros:
Unos forman familia, otros eligen
la soledad unimembre, y reinan
sin contradicción.
Nosotros sólo descendemos,
nuestra voluntad no cuenta:
Descendemos de contradicciones
precedentes y voluntades ajenas:
El hijo nunca elige:
Hasta en las mejores familias
hay hijos que incomodan,
como si fueran errores
del sentido descendente.
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