(Epifanio Weber)
Durante la oración nos elevamos
juntos en comunión unciosa.
Cada palabra tiende a otra:
ésta como aquella,
son fragmentos de Luz Divina.
De ella descendemos,
de ella provenimos
como emanación Divina,
Cada palabra libera una endorfina.
Unidos para la liberación
nos elevamos rm unciosa contrición
ofreciendo esta plegaria al cielo.
Nuestra oración armada y elevátil
es un enjambre de gozosas endorfinas
que con unción sacrificamos, para
que vuelvan a la Luz, ya liberadas
de la carne abyecta.
Durante la oración, nos elevamos
como míseros y efímeros fragmentos
de luz mancomunada ya servida.
Descendemos de la Luz Divina:
Provenimos de la combustión elemental
que nos emitiera por emanación.
No somos nada, repetimos con unción,
más que endorfinas y pasión que se
consume.
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