(Amílcar Ámbanos)
De los dioses comestibles
me gusta el pangolín de monte.
Puede parecer exótico
para los habitantes de estas pampas,
ya que no es un dios autóctono.
Sé que disponemos de otras opciones
más accesibles, pero en el campo
de la fe no hay imposibles.
Si te concentras en un deseo
con la intensidad adecuada,
éste acaba por cumplirse:
Es una cuestión de fe, y sabemos
que la fe no conoce límites,
ni aquí ni en las antípodas.
En China comen pangolines
con normalidad, como otros pueblos
hormigas, cucarachas, o gusanos.
La normalidad es sólo una cuestión
de costumbre, aunque en todas partes
significa lo mismo.
En el mismo sentido, todos los dioses
conocidos son exóticos para el pangolín
de monte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario