(Amílcar Ámbanos)
Las Sábanas de Dios
lucen intactas como el primer
día, dijo el primer ministro
de la fe:
Saludemos con humildad devota
esa pureza insuperable
cuya emanación está llegándonos
a través de estas palabras,
purificándonos cada vez más
y bendiciéndonos.
Desde su asepsia inmaculada
y única, Él nos ofrece este presente
luminoso, en la visión gozosa
de estas sábanas divinas, cerúleas,
inconsútiles y puras
como no las hay en todo el desierto.
Y no nos pide nada:
(las sábanas autolimpiantes son
sólo una muestra de su superioridad
infinita)
Sólo la conservación y propagación
de la fe, aceptando con abnegación
nuestro destino de corderos
sépticos e impuros.
Alabamos las sábanas divinas:
Alabamos la sábana de abajo,
alabamos la sábana de arriba,
en ese orden.
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