(Carlos Inquilino)
Las curtiembres produjeron
unas cuantas fortunas.
Desafortunadamente, esa riqueza
no derramó nada, nada más que
contaminación, que es lo que nos
queda.
Siempre fuimos un país ganadero,
desde antes de independizarnos
gracias a nuestros granaderos
aliados de la gloria.
También el granero del mundo,
supimos ser. Pero eso es historia:
Ahora importamos zanahorias
y no nos da el cuero
ni para comer un bife.
Ya estamos curtidos, es cuestión
de adaptarse y reconvetirse:
Nos invitan a descubrir nuevos
sabores ¿Probaste la carne de burro?
Es magra, bastante tierna y contiene
todos los aminoácidos esenciales.
¿Cómo sabe?
A la larga te acostumbrás.
Las curtiembres siguen contaminando,
pero produjeron unas cuantas fortunas.
Tuvieron su momento de gloria,
como nuestros granaderos que quedaron
en la historia.
Ahora quedan pocas, las inversiones
tienen su momento, y el cuero fue cediendo
protagonismo: resultó que al fin era
un material reemplazable, como todos.
Todos tenemos todavía algo de cuero
en alguna parte del cuerpo, hasta su
abandono definitivo.
Quedaron las fortunas, y sus herederos
que habrán sabido reinvertirlas
y multiplicarlas, como suele suceder.
Y nos queda el pasivo ambiental,
ese derrame de efluentes tóxicos
que representa el costo natural
de la producción de fortunas.
Pero ya estamos bastante curtidos:
Tenemos una historia rica
en enriquecimientos lícitos e ilícitos.
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