(Ángel Salvapiedra)
El parásito no se autopercibe.
Orgánicamente, está integrado
y cumple una función social,
como la propiedad.
El parásito renegado, más allá
de la contradicción semántica
que expresa, existe y se desarrolla
bajo ciertas condiciones.
La condición parasitaria, puede
mutar, como es sabido y conocido:
Un parásito puede abandonar un
organismo e incorporarse a otro
que lo ofrezca mayor utilidad.
No podemos renegar de nuestros
parásitos, más allá de las disquisiciones
sobre el sentido de propiedad y el
sentimiento de pertenencia, no dejan de
sernos constitutivos.
Todo cuerpo orgánico es un estado
provisorio, con su propio metabolismo,
apto para hospedar a otros.
Hay parásitos buenos y malos, ambos
cumplen un servicio y unos son más
necesarios que otros.
Pero todos los que viven del estado
son parásitos.
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