(Epifanio Weber)
Esa vocal asonantada
sonaba y resonaba
como una carcajada
irrepetible y contagiosa.
Ese vibrar que se enredaba
al aire contante y sonante
no era otra cosa que esa risa
contenida que provocaba
al receptor a adivinarla.
Esa ovalidad arracimada
en la debilidad pronunciada
de la vocal asonantada,
se repetía en cada carcajada
que insinuaba, sin cerrarse.
Así se repetía: destilando
una inutilidad inusitada
e inédita, tan contagiosa como
inagotable e irreproducible.
Era eso, presumiblemente
y no otra cosa, el único atractivo
de su voz acampanada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario