(Senecio Loserman)
La adaptación salva vidas,
tanto como la fe:
Hay evidencia científica.
Son muchas las especies
que nos precedieron, y no
sobrevivieron por no poder
adaptarse a los cambios.
A veces, la adaptación impone
cambios que hay que aceptar:
Es preciso resignar algo para
sobrevivir.
Quien lo entiende, se salva:
Nuestras aves de hoy, son
los grandes saurios de ayer
(Aunque muchos quedaron
en el camino: Nunca se resignaron
a verse reducidos en tamaño y
protagonismo)
La adaptación salva vidas
y alimenta nuestra fe: Conocemos
que hoy estamos aquí, gracias a las
sucesivas adaptaciones que nos
precedieron, con sus víctimas y
victimarios, ganadores y perdedores.
La fe es también un salvavidas
y, a su vez, producto de la adaptación:
Sólo los primates mejor adaptados, y
más evolucionados, conocemos el
cultivo de la fe.
Renovamos nuestra fe, confiando
en esta capacidad de adaptación
que nos hizo superiores y nos augura
un futuro promisorio.
El futuro no es para todos, nunca
lo fue. No todos puede adaptarse
a todo y muchos no sobrevivirán,
aunque es posible que tampoco lo
merezcan y no compartan esta fe.
No podemos hacer nada por ellos,
ya es bastante con atender nuestra
propia adaptación ante los cambios
que se avecinan y el cultivo de la fe.
No controlamos las leyes naturales:
Los inadaptados viven menos
y eso no va a cambiar, aunque oremos.
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