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jueves, 23 de abril de 2026

El saludo al sol

 

 

(Serafín Cuesta)

 

No está solo quien saluda

al sol, a su sombra

o a la del soldado desconocido.


Un soldado solo no sirve

para nada;  necesita, al menos

un superior y una bandera

a quien saludar.


Las banderas son todas saludables,

aunque algunas son superiores,  y

saben estar solas si nadie las saluda.


Salvo aquellas que contienen soles,

satélites o un número de estrellas.


El sol supo estar bastante solo

siempre, hasta que empezó a recibir

saludos y más saludos, mayormente

dudosos, como toda emisión humana.


A él no le afectaba la soledad,

porque no sabía que estaba solo,

aunque sabía estarlo:


Hay cosas que es mejor no saber.


En realidad, el sol no parecía necesitar

nuestro saludo, y es presumible que

con el tiempo se haya cansado de tanto

saludo vano, vacuo de desconocidos.


Lo excesivo se vuelve fatigoso

y al final cansa. Nosotros lo seguimos

saludando religiosamente, como buenos

soldados.


Sabemos que un soldado solo

no sirve para nada, salvo el soldado

desconocido, que sirve para rendirle

tributo y saludarlo, como a la bandera,

 

 y el soldado que huye en busca de mejor

destino bajo el sol, en solidaridad con

todos nuestros ancestros desertores. 

 

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