(Dudamel Rambler)
Yo no le canto a la luna,
sé que va a seguir estando ahí
cuando yo ya no esté, sin abandonar
sus hábitos ni su órbita monótona
y la relación de dependencia.
No hay lunas tucumanas,
ni pekinesas ni hamburguesas,
ni porteñas:
La luna es una
para todas y todos,
por fortuna
y se mantiene idéntica a sí misma
y a la unidad.
Prefiero cantarle a la movilidad social
o a la movilidad sexual
o al ochenta y dos por ciento móvil
que todos aspiramos -no hay mucho
más para aspirar-
O al producto bruto interno
que no para de crecer
como esa empresa que habla tu
mismo idioma o las tasas preferenciales
de la banca solidaria que te quiere ver
crecer.
II
¿Está mal?
¿Qué parte es la que está mal?
Podemos corregir algunos valores,
hay luna nueva: cantale a las cosas
buenas. Mañana es lunes,
acá y en las antípodas.
Todo lo malo dejalo atrás,
cantaba el autor comprometido, un
selfmade man nacional y popular
cargado de futuro, armado de una fe
encomiable y auspiciado por el conjunto
de las fuerzas vivas y las fuerzas armadas.
Expresar y representar
el sentir de un pueblo, no es fácil:
Hay que tener talento, conocimiento y
responsabilidad. Tanto en música como
en el arte de la política.
Por eso, ya no hay: Para encontrar artistas
populares y políticos comprometidos,
honestos, hay que buscar en el pasado.
¿Quién querría volver al pasado?
El pasado no existe, me confirmó un
emprendedor exitoso y muy reconocido,
citando fuentes confiables y seguras.
III
La luna siempre tendrá quien le cante,
en griego y en español, aunque cambien
los gobiernos y las modas.
La luna nunca pasó de moda. Siempre habrá
algún lunático trasnochado, dispuesto a rendirle
homenaje, ofrendarle sus coplas o pergeñar
un lunario sentimental: acá o en las antípodas.
En Europa celebran la vuelta
de la lucha de clases: Dicen que ahí empezó
y quieren hacer valer el derecho de propiedad.
Acá tenemos otra luna, otro ascendente
y otros códigos:
Confiamos en nuestro código de barras
y en la luna nueva que no para de crecer.
Creemos en la inteligencia artificial,
la otra fracasó, y apostamos todo al
turismo responsable:
Esta luna es única, el mundo no se la
querrá perder.
Yo no le canto a la luna,
pero tal vez le cante.
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