(Esther Miño)
Hay drones de distinta envergadura,
formas y tamaños. Algunos son
pequeños como insectos.
Son tan o más disímiles
que misiles.
Antes de confiar en un insecto
verifica si es real, comprueba
su condición: Todo puede no ser
lo que parece.
Reflexiona en silencio, no lo hables
con nadie; nadie puede estar seguro:
El interlocutor válido puede ser una
trampa:
Hay un informante agazapado hasta
en los sujetos más inverosímiles.
¿Qué sabemos del sujeto?
Piénsalo en voz baja (tu voz podría
estar intervenida)
En ocasiones, es mejor llamarse a silencio
y procurar pasar desapercibido:
Hay algoritmos capaces de rastrear
cualquiera de tus emisiones, hasta las más
vanas y banales.
En la intimidad inapropiable del sujeto,
nadie tiene por qué saber cómo se
autopercibe, si es que lo hace.
Defiende lo tuyo, tu libertad no tiene
precio; no es un valor negociable
(puede que tampoco sea un valor)
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