(Horacio Ruminal)
La Selección Natural es ajena
a los criterios de justicia.
Suele ser dura con algunas especies
y con muchos individuos.
Su ética se reduce a un único valor:
la aptitud para adaptarse a las
distintas condiciones que la evolución
dispone para seguir su curso.
Nuestros discursos le son tan ajenos
como nuestros criterios de justicia,
plurales y dinámicos:
Se van adaptando, como la Historia,
al sesgo evolutivo: La palabra evolución
acaba por justificarlo todo.
Justicia, ética, moral son vocablos creados
por nosotros: Conceptos para consumo
humano, surgidos del desarrollo de la
inteligencia superior que portamos, para
mejorar las condiciones del intercambio
y adaptarlo a la necesidad evolutiva.
Permiten producir nuevos sentidos, que
contemplen la ilusión de la emisión de
aspiraciones que, aunque parezcan
extrañas, tienen su costado útil, como
los dioses.
La Justicia Divina, es una instancia superior
de la que no sabemos mucho.
Es posible que la Selección Sobrenatural
sea, incluso, más dura e injusta que ésta.
Y entre tantas divinidades en disputa
se haya impuesto la más astuta, mejor
dotada e inescrupulosa, es decir:
la más competitiva y competente…
Algo que acaso no resulte lo mejor para
nuestros limitados criterios de justicia.
A su momento lo sabremos, la justicia tiene
sus propios tiempos.
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