(Aquino Lamas)
La lluvia fracasó,
ya no es lo que era.
Los meteorólogos manejan datos,
estudian variables y establecen
probabilidades, según cálculos precisoos
y bastante elaborados.
Estudian mucho, es una carrera larga
y difícil; muchos abandonan, no es para
cualquiera. Tampoco es algo que
les asegure el futuro: Hay otras carreras
más rentables.
Es una disciplina científica reconocida,
sin embargo, es raro que alguien logre
demasiado reconocimiento: los pronósticos
pocas veces aciertan y eso va en desmedro;
casi nadie los toma muy en serio.
Como ciencia, es casi tan inexacta como
la económica, en sus conclusiones.
Sólo que ésta merece más respeto
por ser más rentable: Algunos economistas
ganan fortunas asesorando empresas, gobiernos
o aventurando pronósticos que nunca se cumplen.
El tiempo puede cambiar, pero la economía
es siempre un factor clave del poder. Todo el
mundo sabe que es la cartera más importante
para cualquier gobierno.
Los gobernantes pasan, como el mal tiempo.
Pueden venir tiempos peores,
pero los economistas siguen haciendo de las
suyas. Nunca fracasan ni lo asumen: cuentan
con recursos para continuar pronosticando
en forma sustentable.
Los meteorólogos confían en su ciencia
(aunque no muchos más lo hagan)
Los economistas, en su negocio,
un negocio próspero y cargado de futuro.
La lluvia de inversiones fracasó,
pero siempre que llovió paró:
El fracaso de la lluvia
puede tener un impacto positivo
en nuestras inversiones.
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