(Helena Mora)
Tu copa es ésta, y la llenaste…
Perdón, estás en un error, yo no llené
nada y esa copa nunca fue mía. La
mía es ésta.
Bueno, no creo haber tomado tanto como
para confundir una copa. Podría probarlo,
pero desconecté la cámara de seguridad
(por respeto a nuestra intimidad)
No es mi problema, yo nunca tuve dudas
con mi copa, que siempre fue ésta.
Está bien, olvidémoslo y brindemos por
este encuentro, o reencuentro…
Desencuentro querrás decir. Me invitás a
recordar viejos tiempos y venís a cuestionar
el tema de la propiedad… Siempre tuvimos
opiniones encontradas; no sé a qué querías
llegar, ni sé para qué vine…
No me parece que sea tan importante eso,
es sólo un error de apreciación, una diferencia
perceptiva. Puede pasar, somos distintos y las
copas son idénticas ¿Qué importa la propiedad?
Claro, ahora te querés desentender de lo que
armaste deslindando responsabilidad. La culpa
es mía ¿no? Sí, es mía, siempre tuviste esas
ideas raras y anacrónicas, y yo lo sabía… No
debí aceptar la invitación.
Bueno, podemos tener diferencias… Las copas
son iguales, son las mismas…
Sí, las mismas de hace justo un año. En un año
pueden cambiar muchas cosas, pero vos no
cambiaste… ¿A quién se le ocurre, a esta altura,
seguir cuestionando el valor de la propiedad y
su función social?
De acuerdo, dejémoslo ahí. Tomá la que quieras
y brindemos. La propiedad no es todo…
No, claro. Ustedes ya la hubieran abolido… No
quiero ni pensar cómo estaríamos. No hay más
que hablar; quedate con tus copas y disfrutalas:
¿Sabés qué? Vos siempre fuiste un cuatro de copas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario