(Tomás Lovano)
Combustibles fáciles: el polvo.
El polvo abunda en casi toda
la superficie del planeta,
cubierta o descubierta.
Es anterior a toda actividad humana
conocida por el hombre.
Desde el polvo celestial, el polvo cósmico
e interestelar, al entrañable polvo nuestro
cubriendo nuestros libros más o menos
valorados.
Nadie se interesa en el valor del polvo,
quizás por su abundancia y por saberlo
constitutivo: es parte de la familia.
Provenimos, como todo lo que existe,
de él: Hubo un tiempo en que todo
era polvo y no había otra cosa que polvo.
Luego comenzó a aglutinarse y organizarse,
hasta este polvo enamorado de la carne.
¿Qué es la carne, sino un momento
en la evolución del polvo?
La carne perece, el polvo permanece.
Su evolución es un misterio, aunque
producimos conocimiento y manejamos
fuerzas que nos exceden:
Conocemos la energía inconmensurable
que puede liberar el núcleo de un átomo
de polvo: Conocimiento suficiente para
acabar con toda la vida del planeta.
El conocimiento es poder, es crecimiento,
una fuerza superior que se expande y nos
eleva y separa de todas las especies.
¿Es un recurso natural para prolongar
la conquista del mundo en forma indefinida?
¿La cantidad de conocimiento acumulado
es proporcional a la felicidad erogada?
¿Habría que preguntarle a la Inteligencia
Artificial?
No hay comentarios:
Publicar un comentario