(Elpidio Lamela)
De la necesidad ilegible
del lector, brotan apicales
elementos que hacen que el
poema sea lo que es.
Mejor o peor, no es el que era,
aunque siga mostrándose
pacientemente idéntico, como
provocación.
(Si no provoca, el poema fracasa)
Aunque luzca cerrado, blindado
y acabado en lo definitivo de su
forma actual, permanece abierto
como un ojo vivo, ávido de ojos
que lo ausculten y lo exciten,
haciéndolo brotar aquello que no
sabe que le falta.
Sea lo que sea, no volverá a ser el
que era. Aunque tolera otra lecturas
acaso más profundas sin ser del todo
definitivas, ni completas.
Si justifica una segunda lectura,
tal vez sea un buen poema,
aunque no sea el mismo.
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