(Pascual Rambler)
Cuando me acuerdo de mi raíz,
me desencuadro.
Siento un deseo solapado de evacuar
la zona de maniobras, radiculares o
ridículas.
Se me retuercen las tripas como
queriendo desandar los nudos patrios
y replegarse en la memoria de las
víctimas y expulsar esa piedra.
Contar víctimas es tiempo perdido.
Si vamos para atrás, hay un punto
en que no estamos:
Ni restos que olfatear de los primeros
pasos. En ausencia del sujeto, no hay
nada que desmalezar.
Cuando se pierde el rastro, la memoria
se disuelve entre raíces ajenas, y la duda
radicalizada no puede erradicarse de los
pelos absorbentes.
La depilación definitiva vuelve a resultar
inútil.
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