(Amílcar Ámbanos)
Repúblicas oblongas como
plátanos, atraviesan sus marcas
envueltas en volúmenes plegables,
ajustables y adaptables.
¿Harían historia a usanza y prédica
del polímero que crece ante la vista
gorda del amo?
¿Qué fue primero, la cáscara sagrada
o la albúmina albugínea?
El deseo de crecer nunca decrece,
alimenta sus ganas con desechos
y excrecencias procedentes de secuencias
anteriores a nuestra justa causa.
Lo que sucede sin procedencia histórica
carece de atracción y no goza los beneficios
de la inversión.
No toda la sangre es sabia, ni sabe igual,
aunque controlemos los valores en sangre.
Sólo conociendo los valores se puede
negociar, renegociar y derramar.
Los púbises pareados, opuestos por
el vértice, concentran buena parte
de la atención.
La concentración de sales minerales
y animales, es una gracia con beneficio
y riesgo en soluciones saturadas.
Sobresaturada, la sangre podría llegar
al río, en un desvío de la atención.
Evitemos los desvíos:
Desde una observación personalizada
la atención se dividió primero.
Basta registrar los infinitos puntos
sin retorno que nos unen a la historia
del mar, desde el mucílago resuelto y
primordial que todo lo sostiene.
El tráfico es intenso, copioso y fluido
como la sangre sana: Pasan moluscos
y murciélagos, invertebrados grandes
y pequeños, tunicados y ungulados,
junto a las naves que llevan a buen puerto
los cuerpos de las víctimas.
Dios observa apacible, a una distancia
saludable, el paso de los peces y cardúmenes
de prójimos, celebrando toda esta armonía,
así como el pesebre que lo evoca cada año
entre víctimas y victimarios. Está tranquilo
y satisfecho:
Les dí todo lo que son, les dí un sentido.
Ningún volumen es definitivo.
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