(William Arsenio Pereyra)
Sólo pedíamos una venganza justa
para todos los compañeros.
Pero no fuimos escuchados:
Los argumentos enemigos
resultaron más convincentes
para justos y pecadores.
Son tiempos de confusión,
los límites se han vuelto más
borrosos, y nadie puede distinguir
con certeza a unos y otros.
Suelen pagar justos por pecadores,
como ocurrió siempre, sólo que ahora
no sabemos si éstos eran tan justos
como aquellos.
Es posible que los justos de hoy
sean los pecadores de ayer, y los
presuntos pecadores de ahora,
los justos del mañana.
En ese caso, se estaría haciendo
un poco de justicia. Pero es para
sospechar.
Ya nadie espera mucho de la justicia,
y no hay quien arroje la primera piedra:
Todos los tiradores acusan antecedentes,
y todas sus emisiones se justifican como
respuestas.
Algunos observadores independientes
aventuran que no se estaría produciendo
nada nuevo. Las necesidades siguen siendo
las mismas, y las respuestas también:
Se emiten para justificar el desarrollo
de la repetición, vuelven a advertir.
Pedíamos una venganza justa
para todos los compañeros. Pero no
recibimos la respuesta que esperábamos:
Hay más preguntas que respuestas.
Tal vez, fue una petición precipitada
y no fue formulada en tiempo y forma.
También pedíamos por la libertad
de aquellas piedras que nos precedieron,
esas compañeras que nos acompañaron
desde nuestras primeras armas.
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