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jueves, 16 de octubre de 2025

La deuda soberana (I)

 

(Carlos Inquilino)

 

Venimos a pagar antes que nada,

después se verá si queda algún

saldo en el pasivo o alguna deuda

chica olvidada sin querer.


Por ahora hay que pagar culpas

propias, ajenas y heredadas:


De nosotros depende que nustros

descendientes no hereden más deuda

de la que merecen.


Ya bastante tendrán con sus culpas

nativas.


Las deudas hay que asumirlas y honrarlas

con dignidad, no importa quién las contrajo

ni cuál haya sido su destino: Nos pertenecen,

tenemos un destino común, que no podemos

evadir.


La evasión, sólo conduce a tomar más deuda.

Debemos respetar los compromisos asumidos,

aún cuando hayan sido ajenos a nuestra voluntad

y decisión.


El acreedor no es responsable de muestras malas

decisiones. Hay que mostrar voluntad de pago

y mantener la dignidad.


La dignidad no se negocia, el resto puede ser,

salvo los intereses de la deuda, que se acumulan

pero se pueden reprogramar, si mostramos buena

voluntad.


En mi pago, todos somos deudores, es lo único

que compartimos, aunque no hay un reconocimiento

unánime: Hay que terminar de consensuar como

siempre lo hicimos: Nos une el saldo negativo.



 

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