(Carlos Inquilino)
Venimos a pagar antes que nada,
después se verá si queda algún
saldo en el pasivo o alguna deuda
chica olvidada sin querer.
Por ahora hay que pagar culpas
propias, ajenas y heredadas:
De nosotros depende que nustros
descendientes no hereden más deuda
de la que merecen.
Ya bastante tendrán con sus culpas
nativas.
Las deudas hay que asumirlas y honrarlas
con dignidad, no importa quién las contrajo
ni cuál haya sido su destino: Nos pertenecen,
tenemos un destino común, que no podemos
evadir.
La evasión, sólo conduce a tomar más deuda.
Debemos respetar los compromisos asumidos,
aún cuando hayan sido ajenos a nuestra voluntad
y decisión.
El acreedor no es responsable de muestras malas
decisiones. Hay que mostrar voluntad de pago
y mantener la dignidad.
La dignidad no se negocia, el resto puede ser,
salvo los intereses de la deuda, que se acumulan
pero se pueden reprogramar, si mostramos buena
voluntad.
En mi pago, todos somos deudores, es lo único
que compartimos, aunque no hay un reconocimiento
unánime: Hay que terminar de consensuar como
siempre lo hicimos: Nos une el saldo negativo.
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