(Saverio Wrangler)
Hay que educar al soberano,
decía el padre del aula.
Hay que educarlo, para que pueda
ejercer sus derechos sin zozobra
(Después veremos cuántos sobran)
En esos tiempos, la palabra pueblo
todavía no era sospechosa y era
bastante popular.
Faltaba mucho para que se descubriera
el tan nefasto populismo, sea de izquierda
derecha o de centro.
Tampoco había una centroizquierda
ni otros desvíos que temer.
Había que educar al soberano
para que ejerciera su derecho a zozobrar
y olvidara la palabra pueblo, un término
comprometido con la ambigüedad.
Había que educarlo, era urgente:
Sin educación no hay soberanía
y somos presa fácil para los intereses
foráneos y la inversión malintencionada.
La letra con sangre entra, nos ilustraba ese
padre con toda autoridad: Un buen padre
tiene que tener autoridad, si no, todo se
desmadra y andamos como hoja al viento.
Sarmiento odiaba a los indios, a los gauchos,
los caudillos y los paraguayos, que querían
conquistar el mundo y amenazaban nuestra
soberanía que tanto había costado.
Los combatió sin asco, con la espada,
con la pluma y la palabra, iluminando
la razón en la noche de ignorancia.
Tenía toda la razón, éramos un rebaño
de ignorantes. Para apurar la educación
al soberano, nada mejor que importar
maestras norteamericanas.
No había otra opción: Eran ellos o nosotros,
civilización o barbarie. Y no estaban dadas
las condiciones para un plebiscito.
El Padre lo tenía bien claro, quería una nación
civilizada y próspera y ese era el camino: La
educación es la mejor inversión, vislumbró
y se puso a levantar escuelas bilingües por
rodas partes.
Educar al soberano, tal era su misión
y a ello consagró su vida, mientras escribía
el Facundo y acababa con los paraguayos
que quedaban.
Pero algo falló: El pueblo no supo asumir
su condición de soberano, no estuvo a la
altura, la educación no funcionó y apenas
pudo ejercer su derecho a la zozobra.
Ni pueblo, ni soberano: El pueblo fracasó
como sujeto histórico y la soberanía fue
una aspiración del pasado.
Nos queda la deuda soberana.
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