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martes, 21 de octubre de 2025

Gloria y loor

 

(Saverio Wrangler)

 

Hay que educar al soberano,

decía el padre del aula.


Hay que educarlo, para que pueda

ejercer sus derechos sin zozobra

(Después veremos cuántos sobran)


En esos tiempos, la palabra pueblo

todavía no era sospechosa y era

bastante popular.


Faltaba mucho para que se descubriera

el tan nefasto populismo, sea de izquierda

derecha o de centro.


Tampoco había una centroizquierda

ni otros desvíos que temer.


Había que educar al soberano

para que ejerciera su derecho a zozobrar

y olvidara la palabra pueblo, un término

comprometido con la ambigüedad.


Había que educarlo, era urgente:

Sin educación no hay soberanía

y somos presa fácil para los intereses

foráneos y la inversión malintencionada.


La letra con sangre entra, nos ilustraba ese 

padre con toda autoridad:  Un buen padre 

tiene que tener autoridad, si no, todo se 

desmadra y andamos como hoja al viento.


Sarmiento odiaba a los indios, a los gauchos,

los caudillos y los paraguayos, que querían

conquistar el mundo y amenazaban nuestra

soberanía que tanto había costado.


Los combatió sin asco, con la espada,

con la pluma y la palabra, iluminando

la razón en la noche de ignorancia.


Tenía toda la razón, éramos un rebaño

de ignorantes. Para apurar la educación

al soberano, nada mejor que importar

maestras norteamericanas.


No había otra opción: Eran ellos o nosotros,

civilización o barbarie. Y no estaban dadas

las condiciones para un plebiscito.


El Padre lo tenía bien claro, quería una nación

civilizada y próspera y ese era el camino: La

educación es la mejor inversión, vislumbró

y se puso a levantar escuelas bilingües por

rodas partes.


Educar al soberano, tal era su misión

y a ello consagró su vida, mientras escribía

el Facundo y acababa con los paraguayos

que quedaban.


Pero algo falló: El pueblo no supo asumir

su condición de soberano, no estuvo a la

altura, la educación no funcionó y apenas

pudo ejercer su derecho a la zozobra.


Ni pueblo, ni soberano: El pueblo fracasó

como sujeto histórico y la soberanía fue

una aspiración del pasado.


Nos queda la deuda soberana.

 

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