(Serafín Cuesta)
Un diagnóstico correcto
podría haber salvado la vida
del paciente.
Más allá de los diagnósticos,
la correcciones no garantizan
mucho en la vida del paciente.
Todos somos pacientes, fuimos
y seremos. Hay que mantener
la serenidad.
Las salvedades están a la orden
del día, vienen y van, se ajustan
a un orden provisorio, como la
corrección y sus valores.
Hay que tenerles paciencia, nada
es correcto para siempre. Salvo
error u omisión, la condición del
paciente también es provisoria.
Todos somos pacientes, buenos o
malos, hasta el último diagnóstico,
que nos desahucia y acierta.
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