(Rolando Doorlan)
El negocio del aire
es siempre el mismo:
entra y sale de los cuerpos
sensibles en perfecta combustión
para que se animen, se muevan
y emitan aspiraciones.
Una de las más comunes
es la reproducción, ese negocio.
Un cuerpo sano, o no tanto
no tiene por qué dudar que,
si algo merece es reproducirse
y dejar algo suyo al mundo
en pago a todo lo recibido,
que tal vez no sea tanto.
No cuesta mucho, es una aspiración
viable y una inversión al alcance de
cualquiera, sin mayores requisitos.
Del comercio de dos cuerpos, suele
resultar otro que puede ser mejor, o
peor que aquellos. Se sabrá con el
tiempo, es cuestión de probar suerte,
como todos los negocios.
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