(Horacio Ruminal)
La competencia es incomparable
como tracción segura del desarrollo
evolutivo.
Desde que el hombre descubrió sus
beneficios, nunca dejó de competir
con propios y extraños, impulsando
el desarrollo de toda competencia
más o menos sana.
El resultado está a la vista:
Ella nos hizo cada vez mejores
como especie y como individuos.
Gracias a la competencia, saltamos
de individuos a sujetos con todo lo
que eso significa para la evolución:
Acaso el mayor salto cualitativo.
Sabemos que las aptitudes no son
las mismas, muy pocos acceden a
la alta competencia.
Es un camino arduo y trabajoso,
sólo para elegidos. Pero quienes
quedamos afuera nos sentimos bien
representados.
Sabemos que ellos también compiten
para representarnos.
Aprendimos a gozar de la representación
tanto o más que ellos, y a disfrutar del
éxito ajeno.
En eso no tenemos competencia.
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