(Alí Carnazzo)
Yo soy aquel que ayer no maldecía,
incapaz de aborrecer y abominar,
no mascullaba con desidia por
lo bajo, ni descendía al suburbio
de lo abyecto y turbio.
No propinaba improperios
inopinados e infundados,
evitando la reproducción de
términos irreproducibles, como
la comisión del exceso verbal.
Yo soy aquel que nada profanaba,
como alondra de luz o ruiseñor
idóneo, nefelibata feliz
con su destino itinerante, etéreo,
etcétera.
Yo soy aquel que iba y venía,
respetando las señales a su paso
y apacible y dulce les cantaba.
Yo soy aquel que en los buenos tiempos
o en los malos, sabía diferenciar el bien
y el mal a primera vista, sin margen
de error.
No vacilaba, sin necesidad:
Iba y venía, a mi jardín de invierno,
esta alma inquieta, pura y sincera
como ninguna.
Iba y venía en ambos sentidos,
circulando con precaución
entre los vivos y los muertos
con una gratitud inédita y gozosa.
¿Estaba bien? ¿Estuve mal?
No sé, así era yo, ese que fui,
aquel que sin contradicción
se complacía con todo, sin odios
ni rencores.
Pero me cansé, hasta acá llegamos.
Ya no soy más aquel muchacho
obscuro, no daba para más,
no me gusta que me tomen
por boludo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario