(Elpidio Lamela)
La decisión nociva
puede importar un costo
emotivo difícil de amortizar.
El amor, aún en su manifestación
más intensa como emoción, no
debería precipitar en la pérdida
de control de nuestras decisiones.
Se pierde y se gana en el amor,
como en cualquier negocio:
En el comercio de los cuerpos,
hay que aprender a perder y a
negociar con decisión.
Las faltas recibidas y cometidas,
no deben alterar la propia
capacidad de decisión:
Cuando dependemos de decisiones
ajenas, sólo podemos negociar a
pérdida.
Se trata de no perder más tiempo:
Toda decisión incorrecta,
es también nociva.
Recuerda: Quien controla su capital
emotivo, lo controla casi todo. No hay
mucho más que eso, el resto es materia
negociable.
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