(Aparicio Custom)
Somos esclavos de nuestras palabras,
dijo un esclavo a otro.
-Sí, hay que acabar con la esclavitud
de una vez por todas.
-Decirlo es fácil, pero no podemos
hacer nada, sólo somos esclavos.
-Un esclavo no puede esperar nada
de los otros. Sólo dependemos de
nosotros, hay que cobrar conciencia.
-La conciencia son palabras, y ellas
tienen amo, como nosotros. Los
que lo intentaron, sólo consiguieron
cambiar de amo.
-No podemos confiar en la palabra
cambio, ni en los que se amparan en
ella; es una palabra sospechosa, fue
capturada por el enemigo, como otras.
Ya nos pasó, ya lo hicieron,
y así estamos, unidos y dominados.
-Hay una propensión a la repetición.
Somos esclavos de nuestras palabras.
-¿Por qué repite?
-Estoy pensando en voz alta.
-Muchos terminaron mal por alzar la
voz, o por pensar más de lo necesario,
pienseló.
-Somos esclavos de esa función, la
repetición: Basta observar la historia.
-La historia está escrita con palabras.
-Sí, fueron hechas para eso, para repetirlas
en distintas secuencias y hacer
que la historia se repita.
-¿Adónde quiere llegar?
-El mundo hace tiempo que tiene amos,
ellos se apropiaron de la palabra, para
facilitar su dominación.
-¿Un recurso lícito?
-Para ellos nada es ilícito: Todo y todos
somos recursos, lo dicen sin sonrojarse.
Y nosotros los votamos…
-Votó lo mejor, no se sonroje, Molotov.
***
Nota: La frase palíndroma de la última línea
es de Juan Filloy.
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