(Armando Armas)
Fue un atropello razonable,
opinó uno de los atropellados.
Su testimonio despertó algunas
dudas entre las víctimas fatales.
Lamentablemente, tenían
sus razones, pero no podían
imponerlas:
Siendo algo tan opinable, la
razón es difícil que se imponga
si nadie colabora.
Todas las opiniones son respetables
mientras no constituyan un atropello
a la razón.
Ahí, cualquiera pierde los estribos
con cualquiera, sea un ladrón, un
señor, o un señor ladrón.
Entonces, todo se desmadra y no
se sabe cómo termina y puede que
haya que lamentar víctimas, justas
o injustas.
Es mejor no discriminar: Para que
se cometa un atropella, hacen falta
al menos dos partes: El que atropella
y el atropellado, no importa el orden.
Nadie puede atropellar así nomás,
sin la colaboración del otro. Todos
necesitamos del otro, aún para la
comisón de acciones opinables.
Es perfectamente posible, que este
atropellador tenga sus razones, o
que sea un atropellado arrepentido.
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