(Germán Singerman)
La senilidad cambió,
no es lo que parecía:
Ya no se trata de resignarse
a la declinación continua
de funciones y capacidades
mientras se espera la muerte.
Se puede disfrutar a pleno
y ser feliz, como en ninguna
otra etapa de la vida:
El pico de felicidad, según
estudios neurocientíficos,
se alcanza a los 60 años.
El malestar disminuye
con la edad.
El nivel de satisfacción puede
graficarse con una “U”:
Esa curva nace con un pico
de felicidad en la infancia y
adolescencia, cuando tenemos
libertad, autonomía, amistades.
Decrece a partir de los 18 (trabajo,
estudio, responsabilidades)
Llega a su punto más bajo alrededor
de los 40, para volver a ascender
a los 50, cuando ya consolidados,
hemos armado nuestra propia familia,
aunque no sea lo que deseábamos.
A partir de ahí, entramos en la curva
ascendente, el malestar disminuye
con la edad, hasta desaparecer por
completo.
El pico de felicidad se alcanza a los
60, y puede prolongarse.
Podemos acusar pérdida de movilidad,
peso, conciencia, visión, deseo sexual,
y perder todos los dientes, pero el pico
de felicidad se mantiene indiferente,
allá arriba, y no nos lo quita nadie.
¿No llegaste a tu pico?
Tené paciencia, vas a llegar.
La ciencia y el tiempo nunca fallan.
¿Todavía podés tomar del pico
sin babearte?
No es poco.
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