(Olegario Saldívar)
El cuerpo del poema
lucía sano, joven y bastante
lozano, como todo cuerpo
joven más o menos sano.
Pero más allá del cuerpo,
era un poema opinable
de la cabeza a los pies.
El cuerpo, su título,
ya encendía las alarmas
y sembraba dudas:
Todos los títulos son opinables,
algunos son arbitrarios y otros
ni siquiera están a la altura
de lo que debiera ser un título.
Pero ésto es peor: No está bien
hablar de los cuerpos en particular
o en general.
Todo cuerpo es político, y el poema
debe permanecer ajeno: Política y
religión son cosas que dividen,
y la función poética no es sumar
a la división, que se desarrolla por sí
misma en cualquier orden y sujeto.
El poema no debe reconocer ideología,
ni contenerla en forma explícita o
implícita. Ninguna ideología le hace
bien al poema, aunque sea la correcta.
Si el emisor no puede evitar que su
condición ideológica se vea reflejada
en el poema, falta a su compromiso
poético y puede terminar en el panfleto,
que también tiene su cuerpo.
Pero eso no es materia poética:
De los cuerpos es mejor no hablar
y dejar que cada uno incorpore
lo que desee en libertad.
El poema debe mantenerse ajeno
a los movimientos políticos, metabólicos
y peristálticos.
En lo posible, hay que abstraerse de todo
lo opinable: Para eso están los formadores
de opinión que todos solventamos.
Los receptores y conectores neuronales
del cuerpo del lector, lo agradecerán
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