(Remigio Remington)
Nunca dudé de mi sospecha.
Todas ellas responden
a motivos fundados.
Si no fuera así, las hubiera
descartado sin vacilar:
No soy afecto a sospechar en vano
y no deseo alimentar sospechas
que no pueden sostenerse en el
tiempo.
Ahí no hay lugar para la duda:
El tiempo acaba convalidando
la veracidad de la sospecha.
De lo contrario, ésta se diluye
y aquella se disipa.
Sólo el tiempo permanece,
esa variable en expansión continua
y sucesiva, llena de promesas
sospechosas.
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