(Manuel Santos Lupanares)
Otro año que comienza,
y otro que pasó:
Es para celebrar.
¿Qué celebramos, el comienzo
o el fin? ¿Son tan distintos?
En principio sí: Éste se abre
pleno de expectativas y deseos,
como los precedentes.
No, hay otro motivo:
Celebramos que estamos vivos,
sobrevivir no es poca cosa, en
estos tiempos.
Aunque sempre lo estuvimos,
desde que tenemos conciencia.
Fuera de eso, no se espera que nadie
cambie mucho con el cambio de año,
lo celebre o no, más allá de algún cambio
en la velocidad de envejecimiento.
El hombre seguirá produciendo violencia,
cometiendo genocidios, masacres, guerras
justas e injustas y desarrollando nuevas
formas de injusticia.
Es para celebrar, sobrevivir no es poca cosa.
Un buen día puede empèzar un año nuevo
como éste, y tal vez no estemos entre los
que puedan celebrarlo, ni nos enteremos.
Entre los organismos vivos, casi nadie se da
por enterado. Ni los gusanos y toda la fauna
subterránea, ni los que vuelan alto o bajo, ni
los que proliferan en el agua.
Las plantas siempre vivieron el presente,
y entre los que se desplazan a ras del suelo,
la mayoría es indiferente, por lo que se ve,
salvo nosotros y nuestra mascotas, que
padecen nuestra pirotecnia.
Siempre detesté estas fechas
que todo el mundo festeja
como si hubiera un motivo, algo que
nos une en un lugar del almanaque.
Dicen que es tiempo de balances.
Me es ajeno: Entre mis vocaciones
conocidas y no desarrolladas, no
se cuenta la vocación contable.
Como no soy afecto a la celebración
ni a los saludos de fin de año, tampoco
escribo poemas alusivos: Hay quienes
lo hacen mucho mejor de lo que yo
podría.
Pero hice una excepción: Tal vez ésta
sea la última oportunidad de hacerlo,
y no se pierde nada.
Sólo que demoré un poco y perdió
vigencia, la fecha ya pasó.
Pero puede servir para cualquier otro
año, esa es la ventaja de estos poemas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario