(Antenor Sideman)
El hombre es presa de su vocación.
Aunque no la reconozca, ni conozca,
ella lo expresa, y él la sirve.
¿Para qué sirve tener una vocación
como ésta?
Para reconocerla y no desperdiciar
el tiempo en distracciones y búsquedas
inútiles.
Nadie sirve para todo, lo sabemos,
y son pocos los que no sirven para nada,
aunque no necesitan saberlo para abrazar
la vocación de servicio.
Todo lo inútil puede ser aprovechado
por otros con algún sentido: sentidos
hay de sobra.
El hombre es presa de su vocación,
como es presa de tantas cosas que
no sabe.
Hay que respetar a todos, junto a sus
vocaciones, equivocaciones y sus vicios.
La verdadera vocación existe,
pero hay que ganársela, como la vida.
Puede ocurrir que nadie más nos reconozca
en la propia vocación, pero sabemos
que la hemos encontrado cuando dejamos
de perder el tiempo en búsquedas inútiles,
y no buscamos nada.
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